lunes, 5 de noviembre de 2018
SEMANA 2 (05 AL 09 DE NOVIEMBRE)
La perspectiva de género1
Marta Lamas
Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE)
Contenido
1. Por qué es importante la perspectiva de género.
2. Género en español. Diferencias de idioma, analogías y confusiones conceptuales.
3. Cómo surge la categoría género.
4. Qué es una perspectiva de género.
5. El aprendizaje y el género.
6. Género, democracia y ciudadanía.
1. Por qué es importante la perspectiva de género
¿Hay o no hay una relación entre la diferencia biológica y la diferencia sociocultural? ¿Qué
posibilidades hay de modificar los papeles sexuales si son determinados biológicamente? ¿Por
qué la diferencia sexual implica desigualdad social?
Un desarrollo más equitativo y democrático del conjunto de la sociedad requiere la eliminación
de los tratos discriminatorios contra cualquier grupo. En el caso específico de las mujeres, la
mitad de la población, se ha vuelto una necesidad impostergable de los distintos órdenes de
gobierno (federal, estatal y municipal) el diseño de políticas que tomen en cuenta las
condicionantes culturales, económicas y sociopolíticas que favorecen la discriminación femenina.
Estas condicionantes no son causadas por la biología, sino por las ideas y prejuicios sociales,
que están entretejidas en el género. O sea, por el aprendizaje social.
Por más que la igualdad entre hombres y mujeres esté consagrada en el artículo 4º de nuestra
Constitución, es necesario reconocer que una sociedad desigual tiende a repetir la desigualdad
en todas sus instituciones. El trato igualitario dado a personas socialmente desiguales no genera
por sí solo igualdad.
Además, no basta con declarar la igualdad de trato, cuando en la realidad no existe igualdad de
oportunidades. Esto significa que el diferente y jerarquizado papel que los hombres y las mujeres
tienen dentro de la familia y la sociedad, y las consecuencias de esta asignación de papeles en
el ciclo de vida, dificultan enormemente cualquier propuesta de igualdad. Para alcanzar un
desarrollo equilibrado y productivo del país urge establecer condiciones de igualdad de trato
entre hombres y mujeres, desarrollar políticas de igualdad de oportunidades y sobre todo,
impulsar una educación igualitaria. Esto requiere comprender las razones y los orígenes de la
discriminación femenina. Cualquier propuesta antidiscriminatoria, entendida como el conjunto de
programas y soluciones normativas, jurídicas, educativas y comunicativas destinadas a subsanar
las desigualdades existentes entre hombres y mujeres, y a prevenir su aparición en el futuro,
debe comenzar explicando el marco desde el cual se piensa el "problema" de las mujeres. Esto
supone desarrollar una visión sobre los problemas de la relación hombre/mujer con una
perspectiva de género capaz de distinguir correctamente el origen cultural de muchos de éstos, y
plantear alternativas sociales –como la educación– para su resolución.
Cuando se aborda el sexismo, o la discriminación basada en el sexo, se enfrentan situaciones de
negación o de ceguera, que no aparecen en otros tipos de discriminación. Por ejemplo, el
racismo dentro del mundo laboral aparece como una muy evidente discriminación, ya que resulta
absurdo tomar en cuenta el color de la piel para el desempeño de un trabajo. En cambio, en
relación a las mujeres, hay presunciones culturales con gran arraigo histórico sobre su "debilidad
1
Tomado de La Tarea, Revista de Educación y Cultura de la Sección 47 del SNTE. No. 8. Enero- marzo 1996.
física", su "vulnerabilidad" durante el embarazo o su "papel especial e insustituible" para cierto
modelo de familia. Según estas concepciones, está plenamente "justificado" el "proteger" a las
mujeres, aunque ese trato encubra una real discriminación. La estructura de la propia sociedad
está fundada en estas presunciones que, con el tiempo, han mostrado su carácter de prejuicios.
Estos prejuicios convierten ciertos trabajos en "nichos", dentro de los cuales las mujeres se
encuentran supuestamente "protegidas", y verdaderamente atrapadas, con salarios más bajos
que los masculinos y pocas posibilidades de promoción.
De ahí la importancia de comprender que la discriminación de las mujeres se produce de manera
individual y colectiva, deliberada e inconsciente pues está tejida en las costumbres y la tradición.
El sexismo se manifiesta en ataques directos a sus intereses o a ellas mismas y en ataques
indirectos, provocados por el funcionamiento del sistema social o por la aplicación de medidas,
de apariencia neutral, que repercuten especialmente en ellas debido a que se encuentran en
peores condiciones para soportar sus efectos, o porque reúnen las condiciones para que se
concentren en ellas los efectos perjudiciales de cierta actividad. Todo esto provoca que las
mujeres, a consecuencia del género, enfrenten situaciones que les impiden participar con
plenitud en las sociedades donde viven.
Una premisa de la acción antidiscriminatoria es reconocer que la cultura introduce el sexismo, o
sea, la discriminación en función del sexo mediante el género. Al tomar como punto de referencia
la anatomía de mujeres y de hombres, con sus funciones reproductivas evidentemente distintas,
cada cultura establece un conjunto de prácticas, ideas, discursos y representaciones sociales
que atribuyen características específicas a mujeres y a hombres. Esta construcción simbólica
que en las ciencias sociales se denomina género, reglamenta y condiciona la conducta objetiva y
subjetiva de las personas. O sea, mediante el proceso de constitución del género, la sociedad
fabrica las ideas de lo que deben ser los hombres y las mujeres, de lo que se supone es "propio"
de cada sexo.
Por eso es que las desigualdades entre los sexos no se pueden rectificar si no se tienen en
cuenta los presupuestos sociales que han impedido la igualdad, especialmente los efectos ha
generado la división ámbito privado=femenino y ámbito público=masculino. La prolongada
situación de marginación de las mujeres, la valoración inferior de los trabajos femeninos, su
responsabilidad del trabajo doméstico, su constante abandono del mercado de trabajo en años
esenciales del ciclo de vida, su insuficiente formación profesional, la introyección de un modelo
único de feminidad y el hecho de que, en muchos casos, ellas mismas no reconozcan su
estatuto de víctimas de la discriminación, todo ésto requiere una perspectiva de análisis que
explique la existencia de la injusticia, su persistencia y la complicidad de las propias víctimas en
su perpetuación. No se puede gobernar ni impulsar una buena administración pública
simplemente respondiendo con una normatividad jurídica que consagre la igualdad entre
hombres y mujeres; se necesitan medidas pro-activas, afirmativas, que detecten y corrijan los
persistentes, sutiles y ocultos factores que ponen a las mujeres en desventaja frente a los
hombres, provocando que quienes las evalúan y contratan tengan dudas sobre sus capacidades
políticas o laborales. Por eso es indispensable una perspectiva de género.
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